Si analizamos la historia de la publicidad nos daremos  cuenta que entre otros, existen dos aspectos recurrentes: la utilización de la imagen de la mujer (aspecto al que dedicaremos un post más adelante) y la del niñ@ a la que dedicaremos unas líneas a continuación.

La primera pregunta que nos podríamos plantear es a que se debe esta utilización, si los niños no están en disposición de comprar. Seguramente debemos atribuir la misma a la simpatía, dulzura y cercanía que los niños y sus imágenes provocan en todas las culturas. Además de la sensación de confianza.

Prima el tópico de la sinceridad y de la gracia. Como la publicidad tiene fama de “engañar” al consumidor se utiliza la imagen de los niños para transmitir la idea de verdad, inocencia, gracia, sea cual sea la marca o el producto.

Como bien sabemos, y queda demostrado en el estudio de la publicidad, la aparición de la figura del niño aparece principalmente en algunos sectores como: alimentación, farmacia, perfumería, chocolates, juegos, refrescos, conservas y banca. Rara vez suelen aparecer en anuncios relacionados con: alcohol, agricultura, industria, tabacos, aunque a continuación os mostramos alguna excepción.

Y como no podía ser de otra manera, la imagen del niño es la que mejor funciona a la hora de remover conciencias, como muestra a continuación uno de mis carteles favoritos (por su estética y calidad).

Antiguamente, o quizás es más correcto decir hace unos años, la imagen del niño se presentaba y se vendía como tal. Como un niño jugando, comiendo, interactuando con sus padres pero siempre se mantenía ese halo de inocencia que les caracteriza. Contrariamente, en la actualidad y especialmente en el sector de la moda, los niños dejan de serlo en las campañas publicitarias para adoptar aptitudes de adultos que en muchos casos han sido reprobadas (recordemos el revuelo provocado por campañas de  Armani y la actitud sexual de las mismas).

Los niños venden, y venden mucho pues aunque no compran de manera directa si lo hacen a través de sus padres, quienes, en una sociedad cada vez más materialista,  la falta de dedicación paternal por el exceso de trabajo (u otros asuntos) se ve muchas veces (y de manera errónea) sustitída por regalos.

Personalmente, y quizás influye mi visión de historiadora, me quedo una vez más con la publicidad del ayer, con anuncios sencillos, ricos en imágenes y con niños siendo únicamente eso, NIÑOS ( ¡que no es poco!).

Esperamos que os guste nuestro trabajo.

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